Iglesia de San Miguel Valsequillo

Se levantó primero una ermita, que medía 19 varas de largo y 9 de ancho, entre 1670 y 1672, bajo la advocación de San Miguel Arcángel, gracias al canónico prior de la Catedral de Las Palmas, D. Mateo Tello y Casares, quien donó 2.000 ducados para su construcción. Junto al lugar donde se levantó, existió un cementerio, enterrado actualmente bajo la Plaza de San Miguel.

La ermita perteneció a la parroquia de San Juan de Telde hasta el año 1800, siendo instituida por el Obispo Verdugo en parroquia de San Miguel Arcángel el mismo año. El actual edificio fue construido por el pueblo de Valsequillo, sin planos, entre 1903 y 1923, después de que, desde 1821, “encontrándose la iglesia en estado ruinoso y necesitada de restauración, se tomaron algunas medidas provisionales para la celebración de la liturgia en el crucero o capilla, siempre que fuera cubierto con puerta o enverjado” y se suplicase la construcción de un nuevo templo.

El edificio que hoy contemplamos es un templo de estilo ecléctico, con mezcla de distintos estilos artísticos, especialmente clasicista y neogótico, y estructurado en su interior en tres naves separadas por arquerías de medio punto levantadas sobre pilares compuestos decorados con pilastras adosadas. Es, en definitiva, un edificio abovedado, con bóvedas de cañón en la parte central y ojival en las naves laterales.

La iglesia guarda varias obras de cierta importancia, como “San Miguel El Chico”, primera imagen que se incorpora al patrimonio de Valsequillo: una imagen tallada en madera policromada, con una altura de 20 centímetros y fechada en la segunda mitad del siglo XVII. La figura presenta a un arcángel con apariencia de guerrero triunfante, sometiendo bajo sus pies al dragón apocalíptico, símbolo del mal.

Hay que destacar, también, una Pila Verde Bautismal de barro cocido, cubierta de cerámica vidriada, de procedencia sevillana, fechada a finales del siglo XV y una escultura de la Virgen del Rosario del siglo XVI, sobre la que se añadieron unos ropajes a base de telas encoladas, que hacen que la talla responda a los modelos flamencos del siglo XVI. Resaltamos además algunas esculturas de Luján Pérez entre las que destacan la escultura de San Miguel Arcángel, tallada en 1804. Se dice que Luján se inspiró para hacer la talla en la imagen primitiva de la ermita y, en efecto, se aprecian ciertas similitudes tales como la postura del animal diabólico o las piernas del Ángel, ambas apoyadas sobre su lomo.

Otra escultura relevante es El Cristo, “El Crucificado”, tallado en 1801 por Luján Pérez a raíz de un encargo personal del Obispo Verdugo.

Además de las esculturas, cuenta la iglesia parroquial con algunos cuadros de notable valor, entre los que destacamos al que representa a San Jerónimo, el cual ya figuraba en el inventario de 1889.

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